Si usas Wellhub, Fitpass u otras plataformas que prometen llenar tus clases, lee este artículo. Lo que te conviene a largo plazo es construir una comunidad de Yoga real, comprometida, estable y que comprenda que tus precios son justos.

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Para muchos estudios de yoga, sumarse a plataformas intermediarias de clases parece una oportunidad tentadora. Las salas se llenan de caras nuevas y a simple vista todo indica que el negocio crece. Pero la realidad es otra: clases llenas no siempre significan ingresos reales.
Cada vez más dueñas y dueños de estudios descubren que, aunque hay mayor movimiento, los márgenes se reducen hasta volver las operaciones insostenibles. El resultado: Bajos ingresos, operaciones inestables y comunidades superficiales que entran y salen sin construir una relación auténtica con el Yoga.
En este artículo vamos a mirar con calma qué está ocurriendo con este modelo de intermediación de clases, por qué tantas escuelas sienten que están atrapadas en un sistema que no les sirve, y cuáles son las alternativas más sanas y sostenibles para llenar tus clases con estudiantes verdaderamente comprometidos.
Las plataformas intermediarias de clases se presentan como grandes aliadas de los estudios. Su propuesta es clara: llevar más alumnos a tu sala a cambio de un pago por asistencia. Negocian con empresas para ofrecer beneficios corporativos (clases, masajes, terapias, etc...) y luego reparten esas asistencias entre gimnasios y estudios.
El problema es que los números casi nunca cierran.
Lo que un estudiante paga a la app no es ni de cerca lo que recibe el estudio.
La tarifa por clase suele ser mucho más baja de lo que cobrarías directamente.
El estudiante se relaciona con la marca de la plataforma, no con tu escuela.
A primera vista, puede parecer un ganar-ganar. Pero en la práctica, el verdadero negocio lo hace la plataforma. El estudio, en cambio, termina aportando la sala, el profesor y la energía… para recibir a cambio una pequeña fracción que difícilmente cubre los costos.
Muchos estudios aceptan este modelo pensando que así podrán llenar esos espacios vacíos que no logran vender directamente. Sin embargo, la realidad es que estas plataformas se han vuelto tan populares que ahora las clases rara vez se llenan sin su intervención. Lo que parece una solución termina convirtiéndose en una dependencia: los estudiantes que llegan lo hacen en modo turismo de wellness, moviéndose de un lugar a otro sin compromiso real, y pagando un precio irrealmente bajo que no cubre el valor de la enseñanza ni el esfuerzo detrás de cada clase.
1. Ingresos insuficientes
Cuando haces las cuentas, descubres que no importa cuántos alumnos lleguen: si cada asistencia se paga a una tarifa irrisoria, no hay sostenibilidad. Muchos estudios llenan clases enteras solo para darse cuenta de que no generan lo suficiente ni para cubrir la renta o pagar al equipo.
2. Pérdida de fidelidad
El estudiante que llega por medio de estas plataformas rara vez desarrolla un vínculo real contigo. Su fidelidad es hacia la app, no hacia tu espacio. Mañana puede ir a otro gimnasio, probar otra clase, cambiar de convenio corporativo, y desaparecer de tu radar sin dejar huella.
3. Falta de control sobre tu comunidad
No tienes acceso a la información de tus alumnos, no decides cuánto pagan, no puedes darles un seguimiento profundo. En la práctica, la comunidad que crece no es la tuya… es la de la plataforma.
4. La imagen de tu estudio se devalúa
Una vez que un estudiante ha pagado un monto mínimo por una clase, resulta muy difícil convencerlo más adelante de que tu enseñanza vale más. Esta devaluación no solo afecta tus ingresos inmediatos, sino también la manera en que tu comunidad percibe la calidad y el prestigio de tu espacio.
Desde el punto de vista del alumno, este modelo puede parecer ideal: variedad, flexibilidad y bajo costo. Y es importante decirlo con claridad: los estudiantes no tienen la responsabilidad. Están eligiendo lo que el sistema les ofrece, que es económicamente muy conveniente para ellos.
Pero aquí está el detalle: este modelo no fomenta profundidad en la práctica ni compromiso real con el yoga. Saltar de estudio en estudio puede ser entretenido, pero no permite que florezca la relación íntima con la disciplina, con la comunidad y con uno mismo que el yoga realmente propone. Se están perdiendo de la mejor parte 😐
El yoga no es un check en una lista de actividades semanales. Es un camino. Y ese camino requiere constancia, acompañamiento y un espacio que lo sostenga. Algo imposible de cultivar en una dinámica que les invita a hacer “turismo de bienestar” más que integrar cada experiencia.
Muchos estudios aceptan este modelo con la esperanza de ganar visibilidad. Pero al participar en la dinámica de los intermediarios, terminan reforzando en los estudiantes la idea de que el Yoga debe ser barato y que los espacios que lo ofrecen son “caros” cuando cobran un precio justo.
Esto erosiona el valor percibido de tu enseñanza y crea un círculo vicioso:
Piénsalo así: con ingresos tan bajos es imposible sostener la calidad que tu estudio merece.
Y son precisamente esos detalles los que hacen que un estudiante decida quedarse contigo cuando le pides que invierta directamente en tu estudio y no a través de un intermediario.

El dinero que los estudiantes se ahorran no es un monto que "desaparece" de los costos implicados en la cadena de sucesos necesarios para que el servicio pueda brindarse. Alguien está absorbiendo ese costo, y por supuesto quienes lo hacen son los estudios y los maestros.
En palabras de Sofia Llorente, cofundadora de Lila Yoga Studio en la Ciudad de México:
"Para que tú puedas acceder a esos precios tan económicos, alguien más está precarizado en su trabajo. Esos precios los ofrecen las plataformas porque nos pagan muy, muy poco, no es porque hayan encontrado un modelo sostenible, digno y eficiente para que los costos se reduzcan.
Los estudiantes son libres de seguir usando las apps de intermediación, pero debemos explicarles a quién le están dando su dinero cuando las usan, de modo que su decisión sea informada. Deben saber que es un modelo extraccionista, en el que pierden los estudios, maestros y colaboradores, personas que vivimos de esto y que hacemos posible que el servicio exista."
Salir de este ciclo no es fácil, pero es posible. Requiere valentía, estrategia y un cambio de perspectiva: dejar de pensar en llenar tu agenda con cualquier interesado, y empezar a pensar en maneras de construir comunidad con quienes realmente valoran tu esfuerzo, servicio y enseñanza.
1. Crea paquetes flexibles propios
En lugar de una clase aislada o de un convenio impuesto, diseña paquetes que tengan sentido para tu escuela y para los estudiantes nuevos:
2. Automatiza pagos y reservas
Cuando tus estudiantes reservan y pagan directamente en tu app o sistema, el vínculo es con tu escuela. Ellos experimentan claridad y pertenencia, mientras que tú recuperas el control y la posibilidad de comunicarte de forma directa para nutrir la relación y hacer marketing efectivo.
3. Haz crecer el boca a boca inteligente
Premia a quienes recomiendan tu estudio con beneficios simples y claros: Una clase gratis por traer a un amigo si se matricula, un bono por referir a alguien más. Este tipo de marketing orgánico construye comunidad real.
4. Crea una opción accesible y escalable
Si quieres llegar a personas que buscan yoga a un precio más cómodo del que pueden pagar presencialmente, puedes crear una videoteca de clases grabadas o programas online, y ofrecerlos a un precio accesible. Esto te permite abrir la puerta a más estudiantes, darte a conocer en nuevas audiencias y, al mismo tiempo, proteger el valor de tu experiencia presencial.
5. Fideliza con comunicación humana
Un correo de bienvenida, un mensaje de motivación, un cantito por su cumpleaños. El detalle humano hace que tus estudiantes se sientan vistos y acompañados. Y ese cuidado vale mucho más que cualquier descuento.
6. Invierte en una estrategia real en lugar de perder en comisiones
Lo que pierdes cada mes al trabajar con plataformas intermediarias de clases es suficiente para pagar un buen especialista en marketing que diseñe una estrategia a tu medida. En lugar de entregar esos ingresos a un intermediario que no construye tu comunidad, podrías estar invirtiendo en alguien que:
Una app solo te presta alumnos temporales, mientras que una estrategia de marketing fortalece tu tribu y tu negocio de manera sostenible.

Tu estudio no necesita gustarle a todos. Necesita atraer a quienes están listos para comprometerse contigo y con su práctica.
Cuando construyes tu propia comunidad:
Las raíces del Yoga crecen con la constancia, la devoción por la práctica y la comunidad. Fortalecer esas raíces es la verdadera ganancia al salirte del ciclo de las plataformas intermediarias.
En Tribu creemos que la mayoría de quienes emprenden en yoga lo hacen en búsqueda de algo más que dinero: buscan libertad. Libertad para vivir de lo que aman, para sostener su propósito, para no depender de sistemas que no los valoran.
Pero la libertad no es gratis. Freedom isn’t free. Implica responsabilidad. Implica tomar decisiones valientes, buscar soluciones creativas, tener fe en tu proyecto y en tu propia capacidad como emprendedor.
Lo sabemos: Desvincularse del modelo de intermediación de clases no es el camino más fácil, pero sí es el camino de quienes deciden liderar, asumir su negocio y pensar de manera alternativa.
Esas son las cualidades del emprendedor que desarrolla raíces profundas en el proceso de vivir su Dharma.
Con todo cariño, El equipo de Tribu Yoga.
Nota:
En Tribu no cobramos comisiones: tus estudiantes son tuyos y el vínculo siempre es contigo. Te damos tu propia app para que tu comunidad te pertenezca al 100%, porque creemos en la independencia y la libertad como valores esenciales del emprendimiento. Si sabes que tu servicio no debe devaluarse y que existen maneras responsables y justas de hacer negocios, te invitamos a descubrir Tribu Yoga App.
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